sábado, 10 de octubre de 2009

Mi aventura de ser docente

Adrián Avalos Aguilar.

Cedart Morelia “Miguel Bernal Jiménez”

Cuando tenía la oportunidad de detenerme a revisar mi labor, la hermosa labor que había escogido para desempeñar como mi principal actividad laboral, siempre afrontaba el miedo a saber si estaba haciendo las cosas bien, enfrentándome a las labores de escritorio para después pasar a la preparación de las clases en un mundo en el que pensar en internet era inalcanzable aún. Así, incluido yo mismo en el tradicionalismo para poder pararme frente a los grupos que fueron convenciéndome de que mi decisión no había sido equivocada, tomo su eje en mi labor diaria lo que no ha cambiado de posición aún y con las reformas y las nuevas corrientes y propuestas pedagógicas: que somos Seres Humanos inmersos en nuestros propios mundos en un ejercicio en donde se manifiestan todos esos mundos, el grupo y mi clase.

La aventura de ser Maestro.
José M. Esteve.
Se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar la propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
Al ir adquiriendo experiencia con el transcurrir de los primeros años, se corrigen errores y se apuntala lo positivo, se abandonan las apariencias y se gana la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en uno mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar de formas y modificar contenidos. Con la libertad llega la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir.
De acuerdo a la preocupación de Miguel de Unamuno por enlazar pensamiento y sentimiento estableció: “Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”, de la que se desprende la siguiente definición del magisterio: Dedicar la propia vida a pensar y sentir y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas.
Y no se piense que solo se abre la mente a los alumnos, también la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. El objetivo es ser maestro de la humanidad, rescatando la pregunta original que generó la elaboración de los conocimientos del tema que me toca explicar. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Antes de explicar un tema necesitamos preguntarnos qué sentido tiene el que me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos que les voy a aportar, que espero conseguir y luego, como enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último, debemos de lanzarnos un reto: tenemos que divertirnos explicándolo.
Ese es el objetivo: ser maestros de la humanidad…a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Identidad profesional.
Hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor y se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación.
Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación de enseñantes… Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático, profesional, químico, físico…)”. La enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción.
Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. El problema no consiste solo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz.
Disciplina.
Entre los profesores con actitud de matón de barrio hasta los desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal, marcados por la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. El profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal.
Contenidos y niveles.
Un problema real es el de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. Tenemos los alumnos que tenemos y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchamos en el deseo de saber o los vamos dejando tirados conforme avanzamos en nuestras explicaciones…lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor.
Hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñara a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la universidad.

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